La Música desde la Pedagogía

Por Rafael Angel Suescún Mariño, Profesor de Dirección Coral y Director del Coro de la Facultad de Música de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Colombia.

“En una noche sin igual, habrá un concierto sin igual, pues es la presentación de los alumnos de grado superior del gran Conservatorio de París. La chelista Juliette, es una de las instrumentistas seleccionadas para hacer, de esta noche, un concierto sin igual. Un silencio sonoro y expectante hace que Juliette entre en un estado de tensión  y concentración relajante. Son muchas las cosas indescriptibles las que convergen en ese momento. Juliette se prepara para dar su primera y determinante arcada, pues es allí donde se inicia la magia, es allí donde la razón, la conciencia, el sentido, la coordinación, la  delicadeza mezclada con la seguridad y fineza de sus movimientos, dan vida una de las maravillas compuestas por Bach…

Finaliza la audición, “ha hecho que Bach viva”, “no  escuchamos a Juliette, escuchamos a Bach”, son algunas de las impresiones inmediatas de un público que ha logrado sentir, vibrar y soñar con cada una de las notas interpretadas  por Juliette. Alguien pregunta maravillado “¿quién es su maestro?”, e inmediatamente hay una respuesta orgullosa y digna: “Paul Casals”, luego se escucha “eso lo dice todo”.

Con la experiencia descrita en el párrafo anterior se puede inferir cómo en un momento musical se logra integrar una serie de elementos psicotécnicos propios del quehacer artístico musical.

Con ello, se busca evidenciar la necesidad de conocer la complejidad del ser, y de la manifestación musical para entender el compromiso al que se enfrenta el educador en el ámbito de la música.

Es por esto que es necesario plantear los elementos que convergen en este tipo de actos y que sin duda alguna tienen implicaciones para nuestra Facultad de Música, la cual busca promover procesos que permitan la apropiación de esta disciplina estética en todas las dimensiones que esta comporta.

¿Cómo se entiende el concepto de aprendizaje?, ¿Qué es el aprendizaje de la música?, ¿Qué facultades del ser humano se ponen en juego cuando se aprende música?, ¿Cómo el aprendizaje de la música posibilita el desarrollo humano?

Son preguntas ineludibles cuando se tratan de precisar los fundamentos Psicológicos de una propuesta curricular para la educación musical, inserta en un Proyecto Educativo como el de la UNAB.

Para proponer respuestas a estos interrogantes nos basaremos en las teorías de diferentes autores, tales como Vygotski, Gardner, Goleman, Ausubel, como fuentes para una Construcción teórica que posibilite el mejor entendimiento de la naturaleza de la educación musical.

El “Aprendizaje Significativo”, propuesto por Ausubel es entendido como el proceso activo y complejo que vive el ser humano al apropiar información que le provee su entorno. Comporta una actividad interna por cuanto la persona asimila y acomoda la nueva información dentro de las estructuras mentales ya construidas, modificándolo que ya posee con la nueva información que recibe. Es así como la información se convierte en conocimiento. Por ello se dice que los procesos educativos deficientes sólo informan, porque no permiten al aprendiz incorporar estos elementos a sus teorías personales acerca del mundo, y en ese sentido no se da el paso necesario de la información al conocimiento.

Cabe aclarar que la información no sólo se da en el plano de los datos verbales, hay información visual, auditiva, y de igual forma, la información supone distintos niveles de complejidad.

El aprendizaje implica la relación necesaria de las distintas dimensiones del ser humano, así cuando se aprende algo, tanto lo afectivo como lo intelectual y también lo físico se compromete. Por ello se afirma que el aprendizaje colabora en los procesos de crecimiento humano en tanto pone en juego el desarrollo y despliegue de las distintas dimensiones que constituyen a la persona.

¿Qué es el aprendizaje de la música? Los diferentes elementos que conforman un hecho musical constituyen la información que el joven debe apropiar, es decir, volver parte de sí. Parece sencillo este proceso, sin embargo no lo es, aprender la música implica disponer el cuerpo, el afecto y la mente, transformar un simple estímulo sonoro en emociones y pensamientos, articular de manera sinérgica el ritmo y la melodía en un todo armónico.

Transformar la información, esto es, las notas, las figuras, las claves, las reglas, los valores numéricos, los fraseos, interpretativas en lenguaje musical, y transformar este a su vez en lenguaje interpretado, es lo que da como resultante el arte musical, y es allí donde la palabra estética adquiere no sólo forma sino sentido epistemológico.

Siempre se ha dicho que “la música es un medio de comunicación”, por cuanto a través de ella el ser humano expresa, transmite estados de ánimo, vivencias, formas particulares de sentir, es por esto que las respuestas psicológicas, conscientes o inconscientes, a una experiencia musical, dependen de la capacidad que tenga el ejecutante para identificarse con una obra que le impone la apropiación de todos los elementos que confluyen en este lenguaje y que le permitirán armonizar dos elementos propios del ser: la psiquis y el cuerpo.

En una práctica musical concreta, el cuerpo humano como medio de expresión sensorial y el instrumento como prolongación de su propio cuerpo, no pueden ser entes separados sino complementarios.

Esta característica permite al ejecutante identificarse físicamente con su instrumento mediante un contacto perceptivo indispensable para crear una respuesta emocional. Cualquiera sea la motivación que lo acompañe en la ejecución de un instrumento musical, es un proceso físico, que requiere de una técnica, de un dominio muscular y motor, de una apreciación del contexto, así como de una percepción auditiva y táctil, factores sin los cuales el instrumento en sí mismo no se constituiría en una válvula de descarga emocional.

Comprender y vivir la música en un sentido amplio, con la recepción e interpretación de las intenciones de la obra, implica una fuerte actividad de percepción y decodificación simultánea de varios factores que la componen, pero antes de interiorizar todos estos elementos que definen a la música en sus estilos y sutilezas expresivas, es necesario contar con un proceso externo de interacción con el entorno cultural, que se convierte en el punto de partida del aprendizaje.

Vygotski en su teoría alude al “papel del fenómeno social en los procesos de construcción del conocimiento”, en el caso de la música esto puede apreciarse en la medida en que el ser humano responde a la música que para él tiene un significado y una emoción, elementos que en gran parte están determinados por la cultura en la cual se encuentra inserto el sujeto, sin embargo, su gusto e interés musical, no sólo depende de factores etnográficos o culturales en sentido amplio, pues aún en la misma sociedad puede encontrarse personas que responden de manera distinta ante una manifestación musical según sea su percepción y particular sensibilidad. Algunos buenos oyentes han nacido, otros se han hecho.

Es por esto que asumir la educación musical como un acto formativo propiamente dicho es sumamente complejo, pues si el alumno no ha tenido una experiencia musical significativa en su medio y además no tiene una sensibilidad y percepción desarrollada, se le dificultará el entendimiento, apropiación y comprensión del lenguaje musical en toda su extensión.

Es allí donde se instala la acción de la educación musical, en la posibilidad de establecer relaciones sustantivas y funcionales entre el lenguaje musical que se aprende y los elementos ya adquiridos por el sujeto en estancias anteriores a un proceso formal. Esta visión particular, como puede apreciarse, se relaciona con lo planteado por D. Ausubel y su teoría del Aprendizaje Significativo.

El aprendizaje de la música exige por parte de quien pone en escena su saber específico, un manejo con sentido, no sólo de los elementos propios de la epistemología musical, sino del cómo armonizarlos estéticamente con el ser.

Los fundamentos pedagógicos en una Facultad de Música implica, en primera instancia, hacerse una serie de cuestionamientos que hacen referencia a la posibilidad del ser humano de educarse a través del conocimiento artístico musical, de igual forma a la disponibilidad de algunas personas para conducir de manera adecuada dichos procesos educativos. Estos dos aspectos se sintetizan en la posibilidad de efectuar una educación formal de la música.

A continuación se tratará de dilucidar los aspectos enunciados, tratando con ello, de construir respuestas que ayuden a orientar el trabajo educativo que pretende desarrollar la Facultad de Música de la UNAB.

En primer lugar, nuestra Facultad considera que el elemento musical se constituye en un espacio rico en posibilidades educativas para quienes desean incursionar en el estudio riguroso y sistemático de este campo de conocimiento. Esta afirmación se sustenta, en que para aprender la música es necesario apropiar un lenguaje en el cual se encuentran inmersos o nucleados, conocimientos teóricos y prácticos, habilidades, destrezas,   que permiten la organización estética de los sonidos y a través de ella, la manifestación de la sensibilidad humana, esto es lo que se entiende como música.

Apropiar un lenguaje desconocido, perfilar actitudes, desarrollar potencialidades y talentos, son procesos que necesariamente conllevan a la formación de la persona. “La educación tiene como fin fundamental la formación de la persona, por ello, ofrece al estudiante un sinnúmero de posibilidades para enfrentarse a lo distante del conocimiento, las habilidades, los valores y la belleza. Establece un puente entre la particularidad del individuo y la generalidad de esos aspectos; entre el pasado y el presente del alumno y su posibilidad de futuro; entre el individuo y su cultura. Quien está inmerso en esa dinámica se va formando, en tanto que se mira a sí mismo con nuevos ojos, alcanzando otras dimensiones y encontrando otros sentidos a su vida” .

Rafael Angel Suescún Mariño

Rafael Angel Suescún Mariño Nacido en Pamplona, Norte de Santander, obtuvo grado como Licenciado en Música de la Universidad Industrial de Santander -UlS. Diplomado en Habilidades Docentes -1999, Diplomado en Diseño de Cursos Virtuales -2002, Diplomado en Docencia Cursos Virtuales -2002, Diplomado en Formación y Dirección de Coros Infantiles -2004. Perteneció al coro de esta misma Universidad durante 8 años como corista y Estudiante- Subdirector. Durante este tiempo contó con la orientación y enseñanza del Maestro Gustavo Gómez Ardila de quien aprendió el amor por la música coral, la rigurosidad y sensibilidad en la interpretación de estos repertorios. Ha participado en variados encuentros: de Educación musical, actualización pedagógica perfeccionamiento en la enseñanza musical, Técnica de Dirección e interpretación coral, técnica vocal en el canto coral, Técnicas para la imitación de instrumentos a partir de la onomatopeya, técnica e interpretación del negro spíritual, taller de arreglo y montaje coral de obras del folklore caribe tanto en Colombia como en España y Grecia. En estos encuentros ha sido alumno de Maestros como Gustavo Gómez Ardila, Digna Guerra, Alberto Carbonell, José Antonio Rincón Rincón, Alejandro Zuleta, María Oiga Piñeros, Julián Gómez Giraldo, Manuel Cubides, Deftlet Scholst, María Tereza Guillén, Ronald Shirey, Martha Enna Rodríguez y Jesús Alberto Rey. Se ha desempeñado profesionalmente como docente y Tallerista para la conformación de grupos corales en la Universidad de Pamplona, como Secretario Académico de la Facultad de Música de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, como Co-Director de la Orquesta Filarmónica de Santander, dirigida por el Maestro Sergio Acevedo y actualmente como Capacitador del Ministerio de Cultura en el Plan Nacional de Música para la Convivencia de la Presidencia de la República en el área de Dirección Coral, como Profesor y Coordinador del énfasis de Dirección Coral y como Director del Coro de la Universidad Autónoma de Bucaramanga desde hace 12′ años. Ha participado como corista y Estudiante- Director de la Coral Universitaria UIS en diversos eventos Nacionales e Internacionales. Dirigió en calidad de Sub –Director la obra de Concurso, Categoría Coro Profesional EIA MATER, del Stabat Mater de Dvorak en España. Como Director del Coro UNAB ha participado en eventos Nacionales e Internacionales entre los cuales se destacan: Festival Internacional de la Frontera Colombo-Venezolana – Elegido como Coro Anfitrión

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